jueves, 17 de enero de 2008

EL HOMBRE ROJO.- REALIDAD Y LEYENDA [2ª parte]

Santiago F. Silva García (*)

(*) Licenciado en Física y Astronomía
Arqueólogo aficionado.

Las exploraciones.- Resultados

De los testimonios, tanto de los campesinos de Las Damas como los de Taguasco, pudimos extraer algunos datos; suficientes para trabajar en la búsqueda de indicios o evidencias que demostraron que El Hombre Rojo era un personaje no sólo de leyenda, sino también real. Pero...¿donde podríamos encontrar alguna evidencia que probase ésto?. La pregunta tenía una respuesta lógica: ¡en las cuevas!.

Sabíamos que cualquier objeto abandonado en estas cavidades tendía a conservarse mucho mejor, por no estar expuesto a la acción de ciertos factores climáticos o meterológicos que propician el deterioro del mismo.

un descansoEn las cuevas y grutas exploradas o estudiadas hasta entonces no se había reportado nada importante que guardara relación con el Hombre Rojo; por lo que nos dimos a la tarea de dedicar mayor tiempo -dentro de nuestras actividades- a la exploración de la sierra Las Damas, con el objetivo de ubicar nuevas cuevas. Estas exploraciones se convirtieron más bien en operaciones de "rastrillo"; donde no dejamos casi un centímetro de tierra o de vegetación sin observar minuciosamente.


en la cuevaComo la sierra estaba dividida en dos parte, debido al cauce del río Zaza, debíamos escoger para comenzar una de estas partes. Decidimos, pues, explorar primeramente la mitad donde más o menos se le solía ver u oir su voz, precisamente donde se encontraba el arenero, es decir la mitad oriental de la sierra. Por ahí cerca debía estar la cueva -si en realidad existía- como afirmaban algunos de los entrevistados. Dividimos el grupo CAONAO en tres subgrupos, que tendrían la responsabilidad de abrirse paso entre la enmarañada maleza, con el objetivo de hallar la cueva.

A fines de enero de 1982 dimos comienzo a las exploraciones, ejecutando dos salidas al mes. Utilizábamos sólo los fines de semanas para no afectar la actividad laboral o estudio de nuestros miembros.

El descubrimiento

Cada incursión resultaba un rotundo fracaso.Estábamos a punto de renunciar a nuestra empresa, cuando -en el mes de mayo de 1983- se hace un hallazgo por parte de uno de los subgrupos. Se detecta un pequeña gruta; cuya entrada se encontraba frente a una de las salidas de la cueva La Subida y en la margen opuesta a ésta, no muy lejos del arenero. Le habíamos pasado en varias ocasiones por encima y muy próximo a la única claraboya que posee.

enlasdamasLa entrada de forma tubular o cilíndrica, está situada hacia el oeste de la sierra. La longitud de la cueva es de 12,42 m y el ancho promedio de 2 m. Su altura no rebasa los 0,75 m.

La roca que conforma el techo posee un espesor de 3 m, aproximadamente y a través de ésta se abre una claraboya, que permite el acceso a la parte superior de la sierra; desde donde se domina gran parte de la otra porción de la serranía y del llano próximo a ésta. De esta manera se puede observar un sector considerable de las tierras aledañas, sin ser visto.

Lo que más nos llamó la atención durante nuestra permanencia en el interior de la cueva fue las condiciones del suelo, pues al movernos de un lugar a otro debíamos hacerlo de rodillas o muy encorvado; ello provocaba la formación de una tenue nube de polvo, que al respirar, por nuestras fosas nasales penetraba un fuerte olor a ceniza húmeda. Pudimos comprobar entonces la presencia de dicha sustancia en la composición del suelo de la cueva.

Decidimos iniciar una exploración superficial a continuación; la cual posibilitó recolectar algunos fragmentos de botellas de cerveza de color verde, fragmentos de un garrafas de los utilizadas para envasar o transportar vino; así como la parte trasera de un gran número de cartuchos de caza vacíos.

Seleccionamos el lugar más idóneo para practicar una excavación de cateo o prueba. Escasamente pudo profundizarse 0,20 m, pues a partir de esta profundidad aparecía la capa estéril. Los estratos del suelo están alterados; además con esta cala de prueba comprendimos que era innecesaria una excavación de envergadura, puesto que casi superficialmente se encontraban los elementos o evidencias que demostraban la presencia humana en la gruta.

En la tabla que se muestra a continuación brindamos información detallada de los objetos o evidencias que fueron colectados (ver tabla):

tabla evidencias rojo 1

tabla evidencias rojo 2

Luego de limpiar cuidadosamente el material relacionado anteriormente, nos dimos a la tarea de separarlo de acuerdo a su uso y utilidad; así comprobamos la existencia de objetos determinantes para nuestro trabajo, como son aquellos que facilitarían una larga estancia o permanencia en condiciones adversas.

Los cartuchos de revólver calibre 38 y los de winchester pertenecían indudable,mente a Teodoro Álvarez San Gil y que aparecen cuestionados en algunos testimonios de los campesinos entrevistados.

Los cartuchos de salva tienen un sólo uso: intimidar a las personas con las cuales tuvo algún tipo de querella.

Se destacan también objetos pertenecientes a prendas de vestir de hombre y mujer; lo cual hace pensar en la posibilidad de que constituyeran parte de un botín sustraído a algún vendedor ambulante de los que proliferaban en aquella época y siendo éstas las de poco valor, fueran quemadas por Teodoro antes de marcharse o por algún individuo que haya penetrado en la cueva y escogiendo las cosas de mayor importancia, prendiera fuego a las "baratijas" que determinó dejar abandonadas.

Comprobar una de estas dos posibilidades resulta un tanto difícil. No existen dudas en cuanto a la estrecha relación que existe entre los objetos hallados en la cueva y El Hombre Rojo. Aunque indudablemente: las condiciones de la cueva no son las mínimas para una permanencia prolongada, pero sí un refugio envidiable para ocultarse ante cualquier eventualidad, emergencia u ocultar cualquier pertenencia personal.

Es nuestro criterio que la cueva descubierta es la misma que fuera utilizada por Teodoro Álvarez San Gil, alias El Hombre Rojo o Cañambrú, durante su estancia en la sierra Las Damas como refugio más seguro, por las condiciones que presenta la misma.

El winchester

Faltaba "algo", que en todo momento era ilusión encontrar y que considerábamos poco probable tener en nuestras manos algún día: el winchester.

En el mes de abril de 1984, al pasar por la casa del haitiano Luis Machín -campesino que vive próximo a la sierra- éste nos llama e informa que dos muchachos encontraron una "escopeta larga", parecida a esas que le llaman winchester. Le pedimos todos los datos posibles para ponernos en contacto con éstos. No resultó fácil, pero al fin lo logramos. Nos dijeron que lo habían encontrado oculto debajo de una manta podrida, en un ranchito abandonado muy cerca de la sierra. El propietario se había mudado del lugar hacía cerca de 12 años.

-"El winchester, cuando lo hallamos -explicaba uno de los muchachos que donó este a nuestro grupo- aún funcionaba normalmente, pero lo empleamos para jugar". Esto ocasionó la rotura del cerrojo y el gatillo; además le faltaba la varilla donde se depositaban los cartuchos. El modelo es de 1892, destacándose biseles exteriores y a lo largo del cañón, conformando de esta manera, transversalmente, una sección octogonal.


CONCLUSIONES

A través de un análisis comparativo de los diferentes testimonios obtenidos de los campesinos entrevistados de Las Damas y Taguasco; así como de los objetos descubiertos en la cueva hemos podido arribar a las siguientes conclusiones:

- A finales de los años 20 y comienzo de la década del 30, Teodoro Álvarez San Gil, un isleño emigrante de la villa de Mazo, Islas Canarias, se establece en Las Damas y utiliza las cuevas de la sierra del mismo nombre como refugio.

- Se gana la confianza y admiración de algunos campesinos, mientras que otros llegan a perseguirle constantemente. Su verdadera identidad no es conocida del todo por los moradores de la zona, por lo que solían llamarle por el seudónimo de El Hombre Rojo, confiriéndole este nombre como atributo a su forma de proceder algo misteriosa e inusual; lo que hace que se le considere como un diablo o mago capaz de realizar las cosas más extrañas e inconcebibles.

- Los propios campesinos -dando riendas sueltas a su imaginación y sin poder explicarse todo cuanto rodeaba a este individuo- contribuyen con sus relatos y anécdotas, cada vez más deformadas e irreales, a que se popularice el personaje. Esta situación confusa es aprovechada por Teodoro para sacar ventajas y reafirmar aún más sus cualidades; por lo que emplea las horas de la noche para demostrar a los incautos y sorprendidos campesinos que "él, El Hombre Rojo es un conocedor de la magia, puede pasar a través del río crecido, desaparecer en un lugar y aparecer en otro, originar fuegos, disparar y no herir a nadie, hablar y no ser visto y cuantas otras cosas".

- Los campesinos, por pertenecer a la clase más atrasada e inculta de nuestro país -motivado ésto por los largos largos años de explotación de gobernantes corruptos- eran susceptibles de sugestionarse con facilidad e ignorando una serie de trucos y habilidades de los que se podía valer Teodoro para alcanzar sus propósitos; caían en las más discímiles concepciones oscurantistas, sin buscar a penas una explicación a tal o más cual fenómeno.

- Ágil, a pesar de su edad y aprovechando su baja estatura, logra en medio de la oscura noche crear el pánico y el terror de muchos de los habitantes del lugar donde se encontraba.

- Rehuyendo el trabajo, elige esta forma de vida poco común y corriente. Penetra de noche en las casas en busca de comida para amortiguar el hambre en muchas ocasiones, en otras para convencer a aquellos campesinos de que él lo podía todo. Cuidándose en todo momento de no robar en su "zona de operaciones" para no encontrarse con la repulsa y persecución de todos, roba y asalta a vendedores en otros lugares donde no es conocido y de esta forma obtiene dinero suficiente para poder vivir. La situación, no obstante, se le torna cada vez más embarazosa en Las Damas y luego de hacer ciertos contactos con los bandidos Manuel Esquijarrosa y Polo Beliz, decide irse para Las Tunitas en el actual municipio de Taguasco; donde también "hace de las suyas", creándose en los campesinos de dicha zona una imagen similar a la que tanta suerte le había dado en Las Damas, con la diferencia de que aquí sería el famoso Cañambrú.

- Muere en la cueva de la finca Las Manaquitas, loma de Las Burras. Por último queremos señalar que coincidimos con muchas de las cosas expuestas por el escritor Efraín Mociego en su artículo "Cañambrú, el músico ladrón", publicado en La Nueva Gaceta, aunque algunas de ellas no nos atrevemos a afirmar por carecer de datos.

*Este trabajo tuvo un fin necesario: demostrar que realmente El Hombre Rojo o Cañambrú existió, sin mitos, sin leyendas y sin exageraciones.


Copyright: Santiago F. Silva García


Creative Commons License

Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.


email: aguilasdeanaga@gmail.com

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Nota Aclaratoria:-Esta investigación "El Hombre Rojo.- Realidad y leyenda" fue presentada como ponencia en el Simposio Provincial de la Cultura Espirituana, celebrado en la ciudad de Sancti-Spiritus, Cuba (1984), obteniendo el Segundo Lugar dentro de las ponencia premiadas en el referido evento. También merece que se reconozca la labor desarrollada por el investigador sociocultural Alejandro González Ventura, quien en el mismo certamen presentó la ponencia: "Cañambrú.- Desmistificación de una leyenda"; la cual describe las peripecias y actividades más destacadas de Teodoro en el territorio de Taguasco, hasta sus últimos días de vida.

En 1998 sale a la luz "La leyenda del Hombre Rojo. Un bandolero canario en Cuba",del investigador también cubano Mario Luis López Isla. Esta obra literaria, editada por el Centro de la Cultura Canaria en Tenerife, Islas Canarias; esclarece la verdadera identidad de El Hombre Rojo, pues su verdadero nombre fue Teodoro Álvarez Concepción y no Teodoro Álvarez San Gil, como habían expuesto los entrevistados con anterioridad. Sin dudas que esta publicación enriquece y complementa en cierta medida la información aportada hasta el presente con nuevas entrevista y documentos adicionales consultados, a la vez que contribuye a divulgar los resultados obtenidos por nosotros en la investigación "El Hombre Rojo.-Realidad y leyenda", la cual fue consultada por el autor. Aprovechamos este espacio para expresarle al investigador Mario Luis López Isla nuestra gratitud porque el referido estudio haya servido de base para la redacción de su obra y por la divulgación de los resultados del mismo.


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